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PENETRACIÓN EN EL ESPEJO II
“En una de éstas, te pasas al otro
lado del espejo...”
Entro en ti con mi delgada piel de hombre resucitado
con la misma que, en sueños, salgo a buscar mujeres en lejanas ciudades.
Deambulo en tu infinita soledad planetaria
en la que aún no ingresa ni el ángel ni la brisa.
Penetro en tu llanura de congelada lumbre
y tu fuego me quema con tornasol de hielo.
Tu fuego que reluce con veloz permanencia.
¿Quién me entregó esta escala, trémula de pupilas
para medir tu libre progresión de abismos?
Siento cómo tus muros se abren como la lluvia
al paso de mi débil fantasma reflejado,
hecho de la porosa sustancia del rocío.
Atravieso tu tempestad de azogue
y tu plateado cataclismo abierto.
Tus glaciares resbalan a través de mi espectro
abriendo con su música nevada la cristalina rosa de mi alma.
Húmedos visitantes pasan por tus fronteras,
pero nunca se encuentra una huella en tu nieve.
Tus habitantes viven en tu antípoda hueca
y miran tu comarca como un cielo contrario.
Cómo resbalan hacia tu abismo lúcido tus ríos sin orillas;
cómo convergen hacia tu nada límpida
las materias translúcidas que absorbes.
Cuando el fuego hace estallar tus perspectivas
contemplo tu horizonte surgir irrealmente del vacío.
Oh, qué imposible es hallar en ti una axila,
la cápsula de espigas de algún nido,
una herradura de color de luna,
o una muchacha sentada al borde del camino.
La seda en tu interior se vuelve sílice
y el estío, una sábana de azufre.
Deja que baje nuevamente en tu estación de ausentes pasajeros.
‑Entraré de puntillas como un hilo de hierba‑.
Te llevaré una nube fresquísima de ánades
y una ligera selva de enredaderas blancas.
Siente este único día, cómo se forma espuma en tus esquinas,
siente la nerviosidad humana de las redes;
siente el vaivén descalzo de las plantas acuáticas.
Y deja que esta noche tome un barco de vela
y haga la travesía de tu océano insomne.
Quiero ver, con mi muerte, tu quimera en el agua
y ascender con el alma renacida
por tu escalera fúlgida de abismos.
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